viernes, 2 de enero de 2015

(Crónicas Marcianas) Vértigo

Cuando Marcia siente vértigo, es que algo interesante está a punto de pasar.
Normalmente la mochila de las costumbres, los hábitos mal ad quiridos o la falta de auto estima, me empujan a la inacción. Pero dejo que Marcia se haga con el control. Dejo que las vísceras piensen por mi y aparezca otra vez el genio multifacetado, el diablo de las mil y una caras, para hablar con pasión de lo que mas le gusta, para recordarme que la vida no solo se vive, sino que también se muerde, se mastica y, si se tercia, se escupe otra vez para ver como queda.
Así que, ¿para que negarle el capricho? 
Y en esas he estado estos días, retorciéndome entre sabanas gastadas y carne dura, mientras que Marcia se entretenía buscando la frescura de lo desconocido, la suave piel del deseo libidinoso y procaz, de la seducción inmisericorde de mas hembras, distintas, salvajes y prohibidas, para dejarme otra vez sin aliento y al borde de otro precipicio al que caer, en el que me tiro sin remedio y con ansia. 
Tantas cicatrices que duelen aun al apretarlas, pero sin heridas que piquen al sudar, con la polla aun dolorida, el sabor a coño en la boca y sin querer resistirme a besar tantos labios como mis huesos me proporcionen, a follarme a todas las putas diosas que se me ofrezcan. No hay dolor, no hay redención, no hay remordimiento ni frío, solo yo, solo Marcia. Ya no necesito volver a ser Dios, que se jodan todos.  Ahora soy un hombre, ¿te acuerdas de mi?

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