sábado, 15 de febrero de 2014

(Crónicas Marcianas) FarWest Huertano

A veces, cuando los planes se tuercen, es cuando todo pasa de estar bien, a ser genial. 
Juntar al camarero, al músico y al crupier, en un mismo espacio, objetivo y deseo, es una idea perfecta en si misma, pero hacerlo un jueves, con la noche llena de universitarios y las cabinas de los garitos ocupadas por los mas locos y eclécticos dj's del panorama huertano, entonces es un cóctel de wenster y modernidad, explosivo y electrizante.









La buena música nos hace beber mejor, a la buena conversación  se une la sensación de euforia y las miradas a las bailarinas de can-can alternativas. Entre ellas destaca Electra, una diosa rubia de metro ochenta y tantos, con uñas, ropa y mirada de colorines,  escoltada por un séquito de muchachas góticas, pistoleras de gatillo fácil, pircing y calculada agresividad (siempre proporcional a las cualidades de los osados vaqueros)
Bizart, Revólver, Capricho... La peregrinación habitual,  la procesión ritual de los magníficos en busca de aventura y diversión.

Entre tanto,  el músico andaba a la gresca con las góticas, y el camarero disfrutaba de ser el único a la altura de la diosa, nada que un par de tapones no pueda arreglar. 
En esta parada de monstruos y vampiros, las bailarinas no se decidían a ser putas, el crupier retiró sus cartas, el músico prefería olvidar la canción, y al barman le tocaba abrir el saloon, mientras acababa la noche entre risas, cascaruja e infusiones.

En la calle, ya avanzada la mañana, las gafas de sol no terminaban de tapar los restos de noche que se adherían a la vestimenta nocturna y al exceso de maquillaje.

Caídos los disfraces, bien arriba ya el día.

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