lunes, 16 de septiembre de 2013

Entre dos canciones y ninguna mirada.

Shout, de Tears for fears, himno contrastado, sonando en el aleatorio de la Sala Revolver, recordándome que no soy tan joven como pretendo, mientras persigo ninfas en jardines prohibidos.


Nunca podré dejar de ser un puto soñador, pero es porque ella está aquí. No es un sueño onanístico.


Resisto bien las tentaciones gracias a mi absurda timidez ¡como si tuviera algo que perder! El problema de la autoestima variable, es la dependencia de las drogas blandas para conseguir espolear al alma, a un estadio superior de inconsciencia creativa. 
Socializar es fácil, arrastrarme también, lo difícil es el equilibrio entre lo atractivo y lo desesperado, entre la inspiración locuaz y la verborrea tópica.
 Ahora necesito otra vez esa canción que me incendie, que haga ilusionantes las sonrisas que ahora parecen condescendientes, o quizás otra cerveza, o quizá ambas.


Zombi, de Cramberris para tu indiferencia a mi lisergia autoinflingida.



miércoles, 11 de septiembre de 2013

Disimulando en la Revolver

Los Cero lo decían ya en una canción,
" Este es nuestro tiempo
Un pasado indefinido
presiento un futuro...
imperfecto" o algo así. 

Para mi es algo recurrente y dice mucho de mi madurez, el hecho de agarrarme unas rabietas que me llevan de la postración, a la euforia desatada, en a penas tres o cuatro instantes, para acabar resignado a mi soledad, con un quinto en la mano, en cualquier bar donde pongan música aceptable.
Y algunas veces pierde uno el oremus solo mirando por la ventana. En este caso, la ventana es la barra de un bar. Un bar en el que cuatro ninfas y una bruja se reparten la atención de los maltrechos espíritus de las tres de la madrugada.
Como una víctima que soy de un tsunami emocional, me agarro a la cerveza como a una mascara veneciana maltrecha e inútil, detrás siempre estoy yo.
Lo bueno del carnaval es conseguir interpretar el personaje, entrar de lleno en el enigma del yo, o del otro yo, o del tú reflejado...si, este último me gusta mas.
El yo reflejado es un espejismo manipulable por uno mismo, un cuadro que podemos inventar sobre la marcha, o bien tener preparado y ensayado de antemano. Es tan útil como el atractivo, la simpatía, el carisma o la inteligencia. Y es tan  peligroso como invisible.
 Y en éstas aparece Ela, con ese vestido azul, y con él traspasa una realidad que creía impermutable: la de la modernidad.
 Ese vestido azul la convierte en tangible, femenina y mucho más que atractiva o deseable. Con este vestido me enseña a una persona completa, una personalidad tan importante que me asusta. Y ya solo puedo pensar en escuchar una voz que la música siempre amortigua, tener esa conversación en la que pueda hacerla sonreír, en la que pueda embelesarme, tratar de identificar el color de sus labios, y de sus ojos y de su piel. Descifrar las miradas que hay detrás de cada chupito de absenta que comparte con quien ella elige, reconocer las sonrisas entre el humo que la cerveza pone siempre en mis ojos, entender que solo las palabras pueden romper un magia que creía perfecta.
No debería hacerlo, lo se, pero tenerla tan cerca, conseguir una de esas sonrisa, una de esas miradas...no puedo evitar, dejar que sus palabras me acaricien...
La música me ha dado la oportunidad de los amigos, la oportunidad de seguir aprendiendo donde están ahora los limites, de donde encontrar los resquicios, donde descubrir las armas de seducción.
Nunca intentes ligar con una camarera, ya debería saberlo.
Pero que aparezca de pronto polichinela, para recordarte un instante que la realidad no solo te rodea, sino que te invade sin piedad, que es la hora de volver a casa, que es la hora de masturbarse solo y dormir.

viernes, 6 de septiembre de 2013

Odio los viajes

Odio los viajes, o ellos me odian a mi. Nunca lo he tenido claro, igual que los regalos. No me siento bien viajando, igual que recibiendo regalos, aunque al final acabe disfrutando del resultado.
El último viaje que realicé fue a Madrid, a casa de Carlos y Helena y me sirvió para congraciarme una miaja con la dinámica de viajar.

Después de la naturalidad absoluta y el cariño con el que nos hospedó mi hermana en casa de Aifon, su actual pareja, el bálsamo que resultaba ver como se puede corregir a un niño sin pasarse el puto día gritando, como puede dar tiempo a todo y acostarse temprano, y que aprecien el esfuerzo que día a día, uno pone en lo que hace, aunque sea el sencillo hecho de cocinar, el viaje a Madrid no se me antojaba ya una aventura tan alocada.

Viajar con desconocidos fue un aliciente en vez de una locura. Conversación sin pretensiones, largos momentos de silencio introspectivo y un poco de dolor de espalda no fueron para tanto. Al llegar a la capital, todo me resultaba familiar, de hecho, lo mas extraño fue ver a Helena con la camiseta de Proyecto Kraken y sin Carlos a su lado. Conversación cuasi monologo en el Van Gogh, más monologo en el autobús y el abrazo con Carlos en su ático después de algunos años. Los dos estamos más viejos, insultantemente maduros.



Tratamos de recordar en unas horas lo poco que en realidad nos une... Intentamos introducir a Helena en una dinámica sin sentido de recuerdos dispares, con mas intención que acierto. Me sentí querido, protegido, casi invulnerable en sus recuerdos. Realizamos varias acrobacias mentales para apartar a M de muchos de esos recuerdos, no lo conseguimos, pero yo no se lo dije, solo sonreía y me dejaba querer, como un niño grande y, solo a veces, sacaba un poco la rabia y muchas la libido y la ironía.

No llegué a dormir bien ninguna noche, pero eso es habitual, últimamente más. Ellos tampoco.
Con el watsap echando humo y la guitarra impracticable...¿o era mi voz?, subsistimos felices entre ensaladas, tabaco de liar seco y hamsters dormidos, además de esas anécdotas con las que mi anfitrión nos regalaba las sobremesas, a veces con un mazo de cartas en las mano que, no se porqué, siempre me recordaba la cantidad de días que llevaba sin masturbarme, !eso si q es magia! me decía yo.

Los días pasaron amables, como disculpándose, y cumplí mi rutina de ver a un famoso cada vez que voy a Madrid, por la calle, por casualidad, casi siempre un actor o alguien de la tele, aunque creo que me tropecé con los Lori Meyer, y en ése momento no me acordé del nombre del grupo... Paseamos solos por el centro, sin Helena. Como dos abueletes provincianos, visitamos Chueca y Malasaña y me hice fotos q pretendí divertidas. No lo son. Pero violamos la realidad en un Llaobao cuyo camarero era un guionista maricón de Cadiz, y nada almodovariano, por cierto. Granizado de sandía...¡Por dios!

Siempre pesé que Helena tenía más necesidad de hablar de la que demostraba, pero me hacia sentir muy cómodo habitando mi zona egoísta, casi descubriéndola de nuevo y hasta sorprendiéndose con mis viejos y manidos recursos de seductor caricaturesco. Lo siento mucho por mi falta de sinceridad, fruto de una educación católica, pero el Heavy Metal actual me ha parecido siempre una mierda... me gusta la música en proporción a lo dura que se me pone ya la polla, y esa es parte de mi triste realidad...

Las horas extras que al final disfrutamos, fueron como aquellas en las que se fraguó nuestra amistad, los dos junto al ordenador mientras una rubia buenorra pasaba de nosotros, asombrada y aburrida.

El regreso no fue excitante, fue excitado...veinticinco años de carne con ojos azules y ese aire desvalido que nos pone tanto a los machotes de pose...el dueño del coche suspiró aliviado cuando vio que al final no me abalanzaba sobe ella en el asiento trasero de su inmaculado BMW... ¡Pobrecillo de quien la disfrute! Irene se llamaba ella, todavía me gusta recordarla hablar... Suerte donde te encuentres y no dejes que nadie como yo, se enamore de ti...

martes, 3 de septiembre de 2013

Quizá deba una explicación.

Quizá la deba o quizá no. El caso es que me apetece darla, sobre todo para aquellas personas que intentaban acercarse otra vez a mi desde este blog y que tube que apartar de nuevo.
Resulta que a la tontalpiiiiiii de quien yo me sé, le molestaba, entre otras cosas, que "perdiera el tiempo" escribiendo un blog que nadie lee y que no da dinero ni nada "provechoso". Además, como usaba fotos subidas de tono, pues eso también era algo que una persona "adulta y con responsabilidades" no haría en su sano juicio. Ademas estaba el tema del Feisbuc,¡¡¡ guau¡¡¡, cerca de cincuenta seguidores y sesenta y tantos amigos!!!!... inconcebible...!!! y encima subo una foto de mi hijo...
Luego aparece por ahí alguien que dice que me ha visto en Badoo buscando no se qué (nunca hice ese perfil, cogieron los datos de Feisbuk).
Bueno, bronca monumental, gritos y amenazas... y yo que quería seguir teniendo la posibilidad de  echar un polvete de vez en cuando, pues adios a feisbuc, adios al blog y adios a cualquier tipo de visibilidad en la red...
Huelga decir que no sirvió de nada... una mierda de polvo en año nuevo y tres años y medio después, a la puta calle con lo puesto...
Más lo siento yo.

domingo, 1 de septiembre de 2013

No me gusta tener perro.

No me gusta tener perro.

Tener perro conlleva un esfuerzo y una responsabilidad que yo nunca he estado dispuesto a asumir.

Es por esto que siempre me fijo en la gente que tiene perro, sobretodo en el momento del paseo.

Me gusta intentar adivinar los diversos aspectos que forman parte de esta relación.



Me resulta irónico que los amantes de los perros sean considerados también por definición, amantes de la naturaleza, sobre todo cuando las bolsas para recoger las heces son de plástico no biodegradables, ni reciclables una vez usadas, además de toda la parafernalia de correas, comederos y bebederos, habitualmente comprados en un chino y de materiales muy poco ecológicos.


     Cuando veo a una chica hermosa paseando con su perro, tampoco puedo dejar de imaginarme el espacio que ocupará en su casa. A oído uno tantas cosas y visto otras, que no pudo menos que asquearme un poco al pensar en una cama llena de pelos de perro, o un animal de esos olisqueandote el culo en mitad de un polvo, o simplemente darle un beso a unos labios, que antes hayan lameteado el can en cuestión.

Ahora, tambien te digo que si es para que me la chupen, tanto asco no me iba a dar...¡Y a la mierda con la ecología!!!