viernes, 6 de septiembre de 2013

Odio los viajes

Odio los viajes, o ellos me odian a mi. Nunca lo he tenido claro, igual que los regalos. No me siento bien viajando, igual que recibiendo regalos, aunque al final acabe disfrutando del resultado.
El último viaje que realicé fue a Madrid, a casa de Carlos y Helena y me sirvió para congraciarme una miaja con la dinámica de viajar.

Después de la naturalidad absoluta y el cariño con el que nos hospedó mi hermana en casa de Aifon, su actual pareja, el bálsamo que resultaba ver como se puede corregir a un niño sin pasarse el puto día gritando, como puede dar tiempo a todo y acostarse temprano, y que aprecien el esfuerzo que día a día, uno pone en lo que hace, aunque sea el sencillo hecho de cocinar, el viaje a Madrid no se me antojaba ya una aventura tan alocada.

Viajar con desconocidos fue un aliciente en vez de una locura. Conversación sin pretensiones, largos momentos de silencio introspectivo y un poco de dolor de espalda no fueron para tanto. Al llegar a la capital, todo me resultaba familiar, de hecho, lo mas extraño fue ver a Helena con la camiseta de Proyecto Kraken y sin Carlos a su lado. Conversación cuasi monologo en el Van Gogh, más monologo en el autobús y el abrazo con Carlos en su ático después de algunos años. Los dos estamos más viejos, insultantemente maduros.



Tratamos de recordar en unas horas lo poco que en realidad nos une... Intentamos introducir a Helena en una dinámica sin sentido de recuerdos dispares, con mas intención que acierto. Me sentí querido, protegido, casi invulnerable en sus recuerdos. Realizamos varias acrobacias mentales para apartar a M de muchos de esos recuerdos, no lo conseguimos, pero yo no se lo dije, solo sonreía y me dejaba querer, como un niño grande y, solo a veces, sacaba un poco la rabia y muchas la libido y la ironía.

No llegué a dormir bien ninguna noche, pero eso es habitual, últimamente más. Ellos tampoco.
Con el watsap echando humo y la guitarra impracticable...¿o era mi voz?, subsistimos felices entre ensaladas, tabaco de liar seco y hamsters dormidos, además de esas anécdotas con las que mi anfitrión nos regalaba las sobremesas, a veces con un mazo de cartas en las mano que, no se porqué, siempre me recordaba la cantidad de días que llevaba sin masturbarme, !eso si q es magia! me decía yo.

Los días pasaron amables, como disculpándose, y cumplí mi rutina de ver a un famoso cada vez que voy a Madrid, por la calle, por casualidad, casi siempre un actor o alguien de la tele, aunque creo que me tropecé con los Lori Meyer, y en ése momento no me acordé del nombre del grupo... Paseamos solos por el centro, sin Helena. Como dos abueletes provincianos, visitamos Chueca y Malasaña y me hice fotos q pretendí divertidas. No lo son. Pero violamos la realidad en un Llaobao cuyo camarero era un guionista maricón de Cadiz, y nada almodovariano, por cierto. Granizado de sandía...¡Por dios!

Siempre pesé que Helena tenía más necesidad de hablar de la que demostraba, pero me hacia sentir muy cómodo habitando mi zona egoísta, casi descubriéndola de nuevo y hasta sorprendiéndose con mis viejos y manidos recursos de seductor caricaturesco. Lo siento mucho por mi falta de sinceridad, fruto de una educación católica, pero el Heavy Metal actual me ha parecido siempre una mierda... me gusta la música en proporción a lo dura que se me pone ya la polla, y esa es parte de mi triste realidad...

Las horas extras que al final disfrutamos, fueron como aquellas en las que se fraguó nuestra amistad, los dos junto al ordenador mientras una rubia buenorra pasaba de nosotros, asombrada y aburrida.

El regreso no fue excitante, fue excitado...veinticinco años de carne con ojos azules y ese aire desvalido que nos pone tanto a los machotes de pose...el dueño del coche suspiró aliviado cuando vio que al final no me abalanzaba sobe ella en el asiento trasero de su inmaculado BMW... ¡Pobrecillo de quien la disfrute! Irene se llamaba ella, todavía me gusta recordarla hablar... Suerte donde te encuentres y no dejes que nadie como yo, se enamore de ti...

1 comentario:

  1. Creo que es el artículo de mas altura literaria que te he leído. Hay párrafos sublime
    Me parece que ("todo esto") te está sentando mejor de lo que crees
    TU PRIMO.

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