miércoles, 11 de septiembre de 2013

Disimulando en la Revolver

Los Cero lo decían ya en una canción,
" Este es nuestro tiempo
Un pasado indefinido
presiento un futuro...
imperfecto" o algo así. 

Para mi es algo recurrente y dice mucho de mi madurez, el hecho de agarrarme unas rabietas que me llevan de la postración, a la euforia desatada, en a penas tres o cuatro instantes, para acabar resignado a mi soledad, con un quinto en la mano, en cualquier bar donde pongan música aceptable.
Y algunas veces pierde uno el oremus solo mirando por la ventana. En este caso, la ventana es la barra de un bar. Un bar en el que cuatro ninfas y una bruja se reparten la atención de los maltrechos espíritus de las tres de la madrugada.
Como una víctima que soy de un tsunami emocional, me agarro a la cerveza como a una mascara veneciana maltrecha e inútil, detrás siempre estoy yo.
Lo bueno del carnaval es conseguir interpretar el personaje, entrar de lleno en el enigma del yo, o del otro yo, o del tú reflejado...si, este último me gusta mas.
El yo reflejado es un espejismo manipulable por uno mismo, un cuadro que podemos inventar sobre la marcha, o bien tener preparado y ensayado de antemano. Es tan útil como el atractivo, la simpatía, el carisma o la inteligencia. Y es tan  peligroso como invisible.
 Y en éstas aparece Ela, con ese vestido azul, y con él traspasa una realidad que creía impermutable: la de la modernidad.
 Ese vestido azul la convierte en tangible, femenina y mucho más que atractiva o deseable. Con este vestido me enseña a una persona completa, una personalidad tan importante que me asusta. Y ya solo puedo pensar en escuchar una voz que la música siempre amortigua, tener esa conversación en la que pueda hacerla sonreír, en la que pueda embelesarme, tratar de identificar el color de sus labios, y de sus ojos y de su piel. Descifrar las miradas que hay detrás de cada chupito de absenta que comparte con quien ella elige, reconocer las sonrisas entre el humo que la cerveza pone siempre en mis ojos, entender que solo las palabras pueden romper un magia que creía perfecta.
No debería hacerlo, lo se, pero tenerla tan cerca, conseguir una de esas sonrisa, una de esas miradas...no puedo evitar, dejar que sus palabras me acaricien...
La música me ha dado la oportunidad de los amigos, la oportunidad de seguir aprendiendo donde están ahora los limites, de donde encontrar los resquicios, donde descubrir las armas de seducción.
Nunca intentes ligar con una camarera, ya debería saberlo.
Pero que aparezca de pronto polichinela, para recordarte un instante que la realidad no solo te rodea, sino que te invade sin piedad, que es la hora de volver a casa, que es la hora de masturbarse solo y dormir.

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