sábado, 13 de febrero de 2010

VOLVER A SER UN NIÑO

Reconozco que estoy un poco sorprendido. Sorprendido por que la vida no es lo que de niños imaginamos, es más, es casi igual que cuando era un niño.

Si miro hacia atrás, veo que soy la misma persona que con once años pillaran robando en el super del barrio pastillas de chocolate "porque todos lo hacen mamá", una y no más, eso sí, que las lecciones están para aprenderlas, y aun siento ese hormigueo de vergüenza cuando lo recuerdo, y se me pone una mueca rara que me sacudo meneando la cabeza.

Lógicamente ahora no hago las mismas cosas que cuando era un niño, no me refiero a eso, es la actitud hacia lo que hago y lo que siento por ello lo que no ha cambiado. Y además es que me siguen pasando las mismas cosas.

Es cuestión por tanto de personalidad. Con el tiempo adquirimos experiencias y conocimientos e incluso se desarrolla cierta actitud ante la vida y hacia los demás (la pose), nos podemos volver mas exigentes o disciplinado, pero poco más.

Hacia fuera mostramos la pose y por dentro seguimos necesitando ese abrazo reconfortante o una reprimenda de mamá.

A mí aún se me ponen lágrimas en los ojos viendo sufrir a personas con las que me pueda identificar ¿lo demás? lo demás ya lo pensaré mañana.


PD: Este post tan así solo es fruto de encontrarme sentado delante de un pivonazo, y me he puesto a escribir para hacerme el interesante y poder mirarla "distraidamente" un poco más. Es lo que le queda a este niño.

2 comentarios:

  1. No, no se cambia mucho. Ayer justo escuché a propósito de esto una frase en una película: "La experiencia no es lo que te pasa sino lo que uno hace con lo que le pasa". Una frase que, según se mire, puede resultar más o menos estúpida. En realidad, leyendo la coda de este post llego a la conclusión de que no cambias, no.

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