domingo, 11 de octubre de 2009

Una cuenta pendiente

Hablar de un padre muerto no es facil, pero puede que le deba algo, un epitafio tardio o un homenaje virtual.

Mi padre murió con cuarenta y nueve años, alla por el noventa y uno, en diciembre, para jodernos la navidad. Eso se le daba bien, joderlo todo.

Y no es que fuese una mala persona (todo lo contrario), solo era ese tipo de personas a las que nada les sale bien en la vida. Bueno, si, se murió durmiendo, sin enterarse, como sin querer molestar.

A mi padre le queriamos todos, yo tube que lidiar con autenticos desconocidos que lloraban en su velatorio. El era amable, educado, cariñoso, servicial, bromista, simpatico, trabajador, cortes... pero tenía también ese gran defecto que yo he heredado; le perdia el querer quedar bien con todo el mundo, eso y una enfermedad incontrolable para personas como él, que se dejaba arrastrar por circustancias y personas.

Parece una señal que descubriesen que por el alcoholismo, tenia el corazón el doble de grande que una persona normal. No merecía menos.

Me dejó con menos de veinte años y un monton de momentos por compartir y algunas preguntas por contestar. Perdí a mi padre antes que la virginidad.

Me gusta hecharle de menos y escuchar como a todos se les llena la boca cuando, aún hoy, le recuerdan con tanto o más cariño. Eslo que nos dejó, el recuerdo de su eterno buen humor y esa sensación de ser especiales que trasmitía en todas las personas que le conocieron.


PD:Su debilidad era el güisqui dyc con agua de selz, a mi me va más con cola, pero siempre se notó que somos padre e hijo.


¿será por esto por lo que nos gustaba tanto, pa verlas de dos en dos?

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