viernes, 14 de agosto de 2009

Hasta los güevos de lo políticamente correcto.



Siempre he hecho caso de frases casposas como, “al pan, pan y al vino, vino”, “no ofende quién quiere, sino quien puede”, y quiero recuperar la costumbre de llamar a las cosas por su nombre.

El infame y traicionero Paco hablaba de “la cárcel del lenguaje”. Esta cárcel obliga a unas formas de expresión extremadamente formales, es una necesidad social expresarse y actuar de forma “políticamente correcta” lo cual hace que caigamos irremediablemente, en una realidad, que en esta época de poder e influencia de los media, y de manipulación de la enseñanza (publica y privada sin excepción), se transforma en una celda hecha a medida, acolchadita y sin estridencias ni ruidos, un maquillaje tan obsceno como hipócrita y peligroso.

Me sorprendo en discusiones puramente formales, superfluas y agresivas por el como se ha expresado una idea, un esfuerzo inmenso en rebatir y depreciar una idea, por estar expresada fuera del tono políticamente correcto, que no deja lugar para un análisis, discusión y posteriores conclusiones sobre el tema de fondo. Cortinas de humo y pajas mentales a partir de que la mayoría de los generadores de opinión en la sociedad actual son periodistas (como carrera de letras) y no técnicos (meros aportadores de datos)

Asistimos después a noticias como que siete “menores” agreden sexualmente a una niña “discapacitada mental” y nos pasma que esto suceda con la cantidad de información sobre sexo en los institutos, las ayudas sociales a discapacitado y sus familias y las campañas contra la violencia de genero.

Yo veo cada vez más elitismo por un lado y mas miseria por otro, como siempre, y lo “Políticamente correcto” se erige como el muro exterior fuera del cual la crudeza nos golpea con violaciones, niños asesinos (vástagos logse) etarras cuya razón de ser pocos entienden realmente, maltratadores , tasas de aborto y embarazos no deseados, fracaso y abandono escolar rayanos en lo tercer mundista, la mierda de todos los días.

Porque no llamar a las cosas por su nombre nos acaba enfrascando en discusiones meramente dialécticas, que nos alejan del fondo de unos problemas que se empeñan en saltarnos en la frente. Como botón una muestra: ¿Cuánto tiempo y espacio informativo ocupó la discusión sobre la denominación correcta de lo que luego acabó llamándose Ley de la Violencia de Genero?¿Cuál es la efectividad “real” de esa ley continuamente retocada?


PD: Andres ¡paga los putos prestamos cabrón, que al final la vamos ha tener, hijo de la gran puta!( aunque he de reconocer que su madre era una santa, descansa en paz)

1 comentario:

  1. Si el periodismo fuera ciencia no daría el dinero que da ni se le prestaría la atención que se le presta. Por otro lado seguro que alguien inventaría las crónicas de opinión, ási que misma mierda con distinto nombre. Y sí, hay mucho miedo a la cultura, interesa tener un país de analfabetos manipulables, aunque a unos les de por despellejar (literalmente) a las otras aún desamparados por la malograda ley de violencia de género (mierda de denominación).

    ¿Todavía colea lo del aval? Joooder...

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